La semana pasada empezamos a tratar el tema de la Dieta Paleolítica, y hoy queremos hablar de su adaptación al deporte.
La “paleodieta” ofrece, como ventaja a deportistas,
un buen aporte de aminoácidos de cadena ramificada ó BCAA (isoleucina, leucina
y valina), lo que colabora con la recuperación de tejido muscular; la
adecuación que se debe hacer es seleccionar carnes magras (bajas en grasas, las
mejores opciones son carnes blancas y claras de huevo). Hoy sabemos que deben
consumirse conjuntamente con hidratos de carbono inmediatamente después de
finalizar la sesión de entrenamiento, para acelerar el proceso de recuperación. En la era paleolítica, las carnes eran mucho más
magras que actualmente debido a que era “carne de animales salvajes”, a
diferencia de lo que podemos encontrar en el mercado hoy día.
Cuando hablamos de The China Study encontramos
una controversia cuando hablamos del ph, ya que se sugiere que una acidosis
metabólica generada por gran consumo de proteínas de origen animal se asocian a
diversas patologías. Los que defienden la postura paleolítica afirman que, al
consumir carnes magras, de alto contenido en aminoácidos ramificados,
conjuntamente con la disminución de la sal, azúcares refinados, cereales
procesados y el aumento en consumo de verduras, ocasionaría un equilibrio ácido/base
y de esta forma evitaríamos algunos riesgos derivados del alto consumo de
proteínas animales como podría ser una osteopenia.
Los carbohidratos son la fuente de energía para los
músculos en actividad y también para todas las células. Lo que observamos
complicado en la postura “paleolítica” es cubrir el elevado requerimiento de carbohidratos
en deportistas que entrenan diariamente o en más de una sesión al día y que
manejan altas intensidades, ya que incurren en una diaria disminución de sus
depósitos glucogénicos. El metabolismo de las grasas es muy lento, y si bien es
un gran depósito de energía de reserva en el organismo no es energía fácilmente utilizable por los músculos en actividad y
las proteínas cumplen funciones de construcción y reparación de tejidos;
algunos estudios sugieren que un 2 a 3% pueden ser utilizadas como energía en
ejercicios de larga duración (ultramaratón, ironman), y/o cuando no hay un buen
aporte de carbohidratos previos a la actividad. Si bien para la paleodieta
están aceptados alimentos como frutas secas o deshidratadas, papas, y bananas,
creemos difícil poder cubrir la necesidad glucogénica en ciertos deportes como
maratonistas, triatletas, ciclistas o nadadores.
Por lo expuesto anteriormente los deportistas que adhieran a una “dieta paleo”,
deben hacer una adaptación en particular en los momentos del antes, durante y después
del ejercicio, sumando una adecuada proporción de alimentos con carbohidratos. Las
ingestas previas al entrenamiento deben ser con alimentos altos en carbohidratos
y bajos en grasas, adaptando la hidratación y la comida seleccionada durante el
entrenamiento, dependiendo de tipo de ejercicio, intensidad y duración y
ajustando proporciones de carbohidratos y proteínas en el post-entrenamiento
inmediato, para acelerar el proceso de recuperación muscular y energética.
Algunos alimentos restringidos en la dieta paleo
como cereales, lácteos, frutas y verduras de alto índice glucémico, legumbres
pueden ser útiles para incluirlas en determinados momentos del día, en función
de los horarios del entrenamiento y otras características del mismo como son la
intensidad, duración y cantidad de estímulos físicos del día y de la semana,
por lo tanto concluimos diciendo como siempre que una alimentación variada, respetando el “timing” en la ingesta de
nutrientes, adecuada e individualizada a cada deportista y a cada momento del
ciclo de entrenamiento, es la mejor alternativa para mantenernos sanos y mejorar el rendimiento deportivo en el largo plazo.

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