Esta dieta, actualmente de moda, surgió en los años
60 y se basa en que el ser humano está adaptado genéticamente a la dieta de sus
antepasados del paleolítico. También es conocida como paleodieta o dieta del
hombre de las cavernas o de la Edad de Piedra y se centra en el uso de los
alimentos disponibles en la esa época y se
compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y
raíces. Se excluyen productos industrializados como cereales, legumbres,
productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados.
El Dr.Walter Voegtlin (gastroenterólogo), en 1975,
fue quien le dio sustento científico a la teoría que sostiene que los seres
humanos son carnívoros y señala que nuestra mandíbula está diseñada para
machacar y desgarrar la comida y no para rumiar o sólo masticar. De esta forma
afirma que el ser humano sería incapaz
de adaptarse a una dieta rica en vegetales, cereales y lácteos.
Los especialistas en Medicina Evolucionista
sostienen que el ser humano es resultado de millones de años de evolución y que
a través de la historia hemos realizado diversos ajustes que permitieron el
desarrollo pero, actualmente, debido a circunstancias ambientales y de
alimentación actual nos encontramos respondiendo a la presión de esta
“evolución” con distintos tipos de enfermedades.
En la actualidad observamos un
incremento de personas con diversas enfermedades cardíacas, diabetes, síndrome
metabólico y obesidad, gran parte de estas patologías asociadas a una mala calidad alimentaria, alto consumo
de cereales, lácteos, azúcares refinados y grasas procesadas; todos alimentos excluidos
en la “paleodieta”. Por lo tanto, es razonable pensar que disminuyendo el
consumo de estos alimentos podríamos colaborar con la disminución de estas
patologías.
Los científicos que adhieren a la
dieta paleolítica sugieren que la misma puede favorecer la diminución de
ciertos factores de riesgo como el sobrepeso, alta grasa intra-abdominal y la
presión arterial, entre otros.
Los extremos no son saludables: si
bien observamos beneficios de este tipo de alimentación, también existen algunos
aspectos negativos como, por ejemplo, el déficit de algunas vitaminas, fibra y
carbohidratos (fuente energética de los músculos en actividad). Con este tipo
de alimentación, si se sostiene un moderado a alto volumen e intensidad de
entrenamiento, no se alcanza a cubrir nuestro depósito glucogénico, por lo
tanto favoreceríamos la fatiga, las lesiones y la supresión del sistema
inmunológico.
El hombre de las cavernas era
cazador-recolector y nómade, por lo tanto todos los aspectos ambientales eran
totalmente diferentes a la vida actual, esto creo que influye directamente en
nuestras necesidades y requerimientos nutricionales. También debemos mirar la
otra cara de la moneda, por ejemplo The China Study es contundente en la
asociación de diversos tipos de cáncer con un alto consumo de proteínas.
Consideramos que sin volvernos
vegetarianos fanáticos ni carnívoros fundamentalitas, debemos encontrar un término medio, ya que los extremos no son buenos
para nuestra salud. Se trata de lograr un equilibrio entre el consumo de
proteínas de buena calidad, frutas y vegetales frescos, lácteos, cereales,
legumbres, frutas secas, semillas, grasas, etc,; en fin “equilibrio entre todos los alimentos”.
Una de las reglas en “nutrición”
es la de la variedad, lograr el consumo de alimentos de todos los grupos
alimentarios, adecuándonos a nuestras características individuales como son el
período biológico, estado nutricional, gasto energético, entre otros. La mejor
opción constituye aquella que incorpora todos los grupos alimentarios
priorizando el consumo de frutas y vegetales frescos, carnes rojas magras,
carnes blancas, huevos, cereales y legumbres con bajo proceso de
industrialización, grasas vegetales, todo en su justa medida, dependiendo de
las necesidades de cada uno.
En una segunda entrada sobre
dieta paleolítica hablaremos de la relación de esta elección alimentaria con el
entrenamiento.

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