martes, 10 de diciembre de 2013

Dieta Paleolítica


Esta dieta, actualmente de moda, surgió en los años 60 y se basa en que el ser humano está adaptado genéticamente a la dieta de sus antepasados del paleolítico. También es conocida como paleodieta o dieta del hombre de las cavernas o de la Edad de Piedra y se centra en el uso de los alimentos disponibles en la esa época y se compone principalmente de carne, pescado, frutas, verduras, frutos secos y raíces. Se excluyen productos industrializados como cereales, legumbres, productos lácteos, sal, azúcares refinados y aceites procesados.
El Dr.Walter Voegtlin (gastroenterólogo), en 1975, fue quien le dio sustento científico a la teoría que sostiene que los seres humanos son carnívoros y señala que nuestra mandíbula está diseñada para machacar y desgarrar la comida y no para rumiar o sólo masticar. De esta forma afirma que el ser humano sería incapaz de adaptarse a una dieta rica en vegetales, cereales y lácteos.
Los especialistas en Medicina Evolucionista sostienen que el ser humano es resultado de millones de años de evolución y que a través de la historia hemos realizado diversos ajustes que permitieron el desarrollo pero, actualmente, debido a circunstancias ambientales y de alimentación actual nos encontramos respondiendo a la presión de esta “evolución” con distintos tipos de enfermedades.
En la actualidad observamos un incremento de personas con diversas enfermedades cardíacas, diabetes, síndrome metabólico y obesidad, gran parte de estas patologías asociadas  a una mala calidad alimentaria, alto consumo de cereales, lácteos, azúcares refinados y grasas procesadas; todos alimentos excluidos en la “paleodieta”. Por lo tanto, es razonable pensar que disminuyendo el consumo de estos alimentos podríamos colaborar con la disminución de estas patologías.
Los científicos que adhieren a la dieta paleolítica sugieren que la misma puede favorecer la diminución de ciertos factores de riesgo como el sobrepeso, alta grasa intra-abdominal y la presión arterial, entre otros.
Los extremos no son saludables: si bien observamos beneficios de este tipo de alimentación, también existen algunos aspectos negativos como, por ejemplo, el déficit de algunas vitaminas, fibra y carbohidratos (fuente energética de los músculos en actividad). Con este tipo de alimentación, si se sostiene un moderado a alto volumen e intensidad de entrenamiento, no se alcanza a cubrir nuestro depósito glucogénico, por lo tanto favoreceríamos la fatiga, las lesiones y la supresión del sistema inmunológico.
El hombre de las cavernas era cazador-recolector y nómade, por lo tanto todos los aspectos ambientales eran totalmente diferentes a la vida actual, esto creo que influye directamente en nuestras necesidades y requerimientos nutricionales. También debemos mirar la otra cara de la moneda, por ejemplo The China Study es contundente en la asociación de diversos tipos de cáncer con un alto consumo de proteínas.
Consideramos que sin volvernos vegetarianos fanáticos ni carnívoros fundamentalitas, debemos encontrar un término medio, ya que los extremos no son buenos para nuestra salud. Se trata de lograr un equilibrio entre el consumo de proteínas de buena calidad, frutas y vegetales frescos, lácteos, cereales, legumbres, frutas secas, semillas, grasas, etc,; en fin “equilibrio entre todos los alimentos”.
Una de las reglas en “nutrición” es la de la variedad, lograr el consumo de alimentos de todos los grupos alimentarios, adecuándonos a nuestras características individuales como son el período biológico, estado nutricional, gasto energético, entre otros. La mejor opción constituye aquella que incorpora todos los grupos alimentarios priorizando el consumo de frutas y vegetales frescos, carnes rojas magras, carnes blancas, huevos, cereales y legumbres con bajo proceso de industrialización, grasas vegetales, todo en su justa medida, dependiendo de las necesidades de cada uno. 
En una segunda entrada sobre dieta paleolítica hablaremos de la relación de esta elección alimentaria con el entrenamiento.



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