En
la actualidad la esperanza de vida es de más de 70 años, esto representa el
doble de lo que se consideraba hace décadas. Por lo tanto, permanecer
físicamente activo y alimentarnos adecuadamente son aspectos claves para lograr
un bienestar general y mantenernos sanos en el tiempo.
Si
es un deportista mayor, lo más importante es consumir calorías de muy buena
calidad que permitan mantener un peso corporal saludable, ya que naturalmente luego de los 40 años comienza un proceso de
modificación de composición corporal, disminución de la tasa metabólica
basal (gasto energético que cubre las funciones vitales) y si no tenemos hábitos
alimentarios y de ejercicio adecuados, ganaremos grasa y perderemos masa
muscular gradualmente.
Debemos
tener una alimentación saludable tendiente a reducir factores de riesgo
cardiovascular, osteoporosis y otras enfermedades comunes propias de la edad.
Sugerencias nutricionales
prácticas para deportistas mayores
Calorías:
el valor calórico total diario dependerá del estado nutricional y del nivel de
entrenamiento (tipo de ejercicio, frecuencia semanal y volúmenes totales de
entrenamiento). Con la edad disminuye la tasa metabólica basal (gasto
energético que mantiene las funciones vitales).
Proteínas:
los requerimientos proteicos se incrementan levemente en deportistas mayores.
Asegurar el consumo de proteínas de alto valor biológica (animales) todos los
días con el fin de reparar y proteger la masa muscular. El pescado es una
excelente fuente de proteínas que además aporta grasas de buena calidad,
protectoras del riesgo de padecer enfermedades cardíacas, cáncer y artritis
reumatoide.
Respetar
las pautas básicas de nutrición post-entrenamiento: el consumo de preparaciones
alimentarias que combinen carbohidratos y algo de proteínas de buena calidad
dentro de los primeros minutos de haber finalizado el entrenamiento colabora
con la recuperación de energía y la reparación de fibras musculares dañadas por
el ejercicio, preservando así la masa muscular. En un estudio realizado sobre
hombres de 74 años de edad, los sujetos que consumieron carbohidratos y
proteínas inmediatamente después de cada sesión de entrenamiento desarrollaron
músculos más grandes y fuertes que los del grupo de control que tardaron dos horas
en recargar energía después del entrenamiento (Esmarck et al., 2001).
Grasas:
las de origen vegetal son las más saludables: frutas secas, aceites de oliva,
soja o canola ofrecen ácidos grasos que
colaboran con el mantenimiento del perfil lipídico. Menos del 30% del total de
calorías deberían provenir de las grasas totales. La grasa que está dentro del
pescado también tiene un efecto antiinflamatorio beneficioso para la salud.
Calcio:
cubrir el requerimiento diario y realizar entrenamientos que involucren la
fuerza colabora con el mantenimiento de los huesos. Se sugiere el consumo de
lácteos diariamente como así también frutas secas y algunas semillas como las
semillas de amapola que constituyen fuentes no lácteas de calcio. Es importante
realizar al menos 2 veces por semana un entrenamiento de fuerza ya que tener
músculos bien desarrollados es esencial para el bienestar general.
Fibra:
con la edad disminuye el peristaltismo intestinal por lo tanto consumir
alimentos ricos en fibra todos los días colabora con la regularidad del
intestino. Se sugiere consumir frutas y vegetales frescos a diario, en
especial, remolacha, acelga, espinaca, chauchas, kiwi, cítricos, entre otros
como así también harinas integrales.
Vitaminas:
las mejores fuentes son las frutas y los vegetales crudos. Se deben consumir 4
frutas frescas todos los días y vegetales variados también diariamente. Tomar
suplementos antioxidantes está muy extendido entre deportistas mayores pero no
hay estudios que respalden esta práctica. Buenas estrategias nutricionales
permiten cubrir la totalidad de los requerimientos utilizando alimentos
naturales.
Líquidos:
con la edad se incrementa el riesgo de deshidratación. Para monitorear la
hidratación se debe consumir abundante cantidad de líquidos para orinar cada 3
o 4 horas, sin guiarnos por la sensación de sed.
Consideración especial:
mujeres y menopausia
Es
real que las mujeres de entre 45 y 50 años suelen ganar grasa corporal en la
zona central del cuerpo, pero estos cambios se deben más a la falta de
ejercicio y a una inadecuada alimentación que a la menopausia.
La
menopausia tiene lugar durante un período de la vida de la mujer en que el
estilo de vida es más sedentario, esto no solo reduce la necesidad calórica
diaria, sino que también da lugar a una disminución de la masa muscular lo que
conlleva una disminución de la tasa metabólica basal.
Otro
problema es que el sueño suele cambiar a esa edad: por varias razones hay una
interrupción en las horas de sueño que conlleva un cansancio generalizado y con
esto falta de motivación para realizar ejercicio.
La
falta de descanso está asociada por sí sola con el aumento de peso. Los adultos
que duermen menos de 7 horas tienden a tener mayores pesos corporales.
La
mejor forma de evitar el aumento de peso es realizar actividad física con
regularidad y mantener hábitos
alimentarios saludables. El programa de entrenamiento óptimo es aquel que
combina ejercicios aeróbicos que puedan utilizar grasas como fuente de energía
con ejercicios de fuerza que permitan preservar la masa muscular.
Adaptado de La Guía de Nutrición Deportiva.
Nancy Clark. Ed. Paidotribo.

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