Esta
sección de GND en la cocina surgió porque sabemos que
alimentarnos bien lleva cierto trabajo, dedicación y tiempo. Creemos que la
manera de lograr la alimentación adecuada, es siendo los autores de nuestros
propios menúes… al menos de una buena parte de las comidas que consumimos en el
día.
Desde
nuestra cocina hemos compartido recetas “reales” sobre viandas, alimentación
vegana, postres saludables, consejos para preparar más fácil alimentos que
cuesta incorporar, todo pensado desde la vida cotidiana. Y también resaltando
que al prepararte vos tus alimentos, elegís mejor, ahorrás y consumís más
productos frescos, con menos procesamiento y aditivos.
Sobre
estos últimos puntos, encontramos que al comenzar el día, dependemos en general
de productos bastante industrializados. Buena parte de nuestros pacientes
relatan desayunar a base de café con leche, pan integral con queso blanco y
mermelada. Si no acompañamos esto con una fruta fresca, podemos decir que todo
el desayuno es industrializado y además, costoso.
Como
propuesta saludable y para recuperar los hábitos de ser autores de nuestra
alimentación, te proponemos hornear tu propio pan integral o eventualmente hacer
mermeladas caseras o como, en la receta que ahora presentamos, hacer el queso
blanco en casa.
Los
quesos blancos o untables son de baja maduración, por lo tanto con bastante
contenido de agua y su consistencia se da a partir de un proceso de cuajado, es
decir, se coagulan y precipitan sus proteínas, pero no pierden su valor
nutricional (los aminoácidos). Ese proceso de coagulado ocurre por un agregado
ácido: algunas recetas proponen limón o vinagre, pero nosotros elegimos hacerlo
a partir de yogur natural, que contiene bacterias vivas muy saludables para
nuestra flora intestinal.
De
manera que es un queso blanco casero, adicionado con lactobacilos y muy rico.
Aunque
pueda parecerte algo extraña la receta, animate a probarla porque, si bien
lleva tiempo, el proceso se hace solo.
Utilizamos
•
olla o cacerola con tapa
•
1 litro de leche (descremada, o entera que le dará textura un poco más suave)
•
1 yogur natural (sin saborizante ni azúcar)
•
manta o toalla bien gruesa
•
colador
•
lienzo de tela de algodón
Te
sugerimos que la olla y utensilios que uses estén perfectamente limpios, para
no dar lugar a que se desarrollen otras bacterias indeseables.
Calentá la leche
hasta que hierva y luego de unos segundos retirá del fuego.
Dejá reposar la
leche hasta sentir la temperatura pero no quemarte, de lo contrario, mueren los
lactobacilos del yogur.
Una vez entibiada
verté el yogur, revolvé muy bien y tapá enseguida.
Envolvé la olla
con una manta o toalla bien gruesa: esto permitirá mantener la temperatura para
que se reproduzcan los lactibacilos, acidifiquen la leche y se coagulen las
proteínas, dando lugar a lo que será el queso.
¡Paciencia!
Dejalo así 12 horas. Si tu cocina es muy fría, llevalo a algún ambiente más
cálido, si estás en clima más caluroso, cualquier lugar de la casa será adecuado.
Luego de 12
horas, sacá la manta y llevá la olla, siempre tapada, 2 horas a la heladera
(así se inactivan los lactobacilos).
Pasadas esas 2
horas como mínimo, disponé sobre un bol el colador con el lienzo, verté el
preparado y volvé a llevar a la heladera tapado.
Dejá reposar,
para que vaya liberando el líquido o suero, y elegí con que consistenia
consumirlo: cuanto más tiempo lo dejás escurrir, más cremoso queda.
Más info:
- Podés agregarle un poco de sal o incluso saborizarlo con hierbas si lo preparás para una picada saludable
- Podés darle el uso del queso blanco tradicional para tortas, tartas frutales, o para acompañar frutas frescas, si lo mezclás con un poco de edulcorante y esencia de vainilla.
- Tené en cuenta que los quesos blancos no dan un gran aporte de calcio. Dentro de alternativas similares, la ricota entera o magra, aporta un poco más
- Si luego de hervir la leche le agregas esencia de vainilla y 4 cucharadas ligeramente colmadas de azúcar, al cabo de las 12 horas a temperatura ambiente obtendrás yogur listo para enfriar y consumir. Con la infinidad de variantes que podés agregar: frutas frescas, cocidas, deshidratadas, frutas secas, miel o edulcorante en reemplazo de azúcar.





Colegas las felicito por este hermoso, práctico y profesional espacio de difusión de la Nutrición
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Gracias, Walter.
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