jueves, 13 de noviembre de 2014

GND en la cocina

Básicos del desayuno: queso blanco

Esta sección de GND en la cocina surgió porque sabemos que alimentarnos bien lleva cierto trabajo, dedicación y tiempo. Creemos que la manera de lograr la alimentación adecuada, es siendo los autores de nuestros propios menúes… al menos de una buena parte de las comidas que consumimos en el día.
Desde nuestra cocina hemos compartido recetas “reales” sobre viandas, alimentación vegana, postres saludables, consejos para preparar más fácil alimentos que cuesta incorporar, todo pensado desde la vida cotidiana. Y también resaltando que al prepararte vos tus alimentos, elegís mejor, ahorrás y consumís más productos frescos, con menos procesamiento y aditivos.

Sobre estos últimos puntos, encontramos que al comenzar el día, dependemos en general de productos bastante industrializados. Buena parte de nuestros pacientes relatan desayunar a base de café con leche, pan integral con queso blanco y mermelada. Si no acompañamos esto con una fruta fresca, podemos decir que todo el desayuno es industrializado y además, costoso.

Como propuesta saludable y para recuperar los hábitos de ser autores de nuestra alimentación, te proponemos hornear tu propio pan integral o eventualmente hacer mermeladas caseras o como, en la receta que ahora presentamos, hacer el queso blanco en casa.

Los quesos blancos o untables son de baja maduración, por lo tanto con bastante contenido de agua y su consistencia se da a partir de un proceso de cuajado, es decir, se coagulan y precipitan sus proteínas, pero no pierden su valor nutricional (los aminoácidos). Ese proceso de coagulado ocurre por un agregado ácido: algunas recetas proponen limón o vinagre, pero nosotros elegimos hacerlo a partir de yogur natural, que contiene bacterias vivas muy saludables para nuestra flora intestinal.
De manera que es un queso blanco casero, adicionado con lactobacilos y muy rico.

Aunque pueda parecerte algo extraña la receta, animate a probarla porque, si bien lleva tiempo, el proceso se hace solo.

Utilizamos

• olla o cacerola con tapa
• 1 litro de leche (descremada, o entera que le dará textura un poco más suave)
• 1 yogur natural (sin saborizante ni azúcar)
• manta o toalla bien gruesa
• colador
• lienzo de tela de algodón  


Te sugerimos que la olla y utensilios que uses estén perfectamente limpios, para no dar lugar a que se desarrollen otras bacterias indeseables.

Calentá la leche hasta que hierva y luego de unos segundos retirá del fuego.
Dejá reposar la leche hasta sentir la temperatura pero no quemarte, de lo contrario, mueren los lactobacilos del yogur.
Una vez entibiada verté el yogur, revolvé muy bien y tapá enseguida.
Envolvé la olla con una manta o toalla bien gruesa: esto permitirá mantener la temperatura para que se reproduzcan los lactibacilos, acidifiquen la leche y se coagulen las proteínas, dando lugar a lo que será el queso.



¡Paciencia! Dejalo así 12 horas. Si tu cocina es muy fría, llevalo a algún ambiente más cálido, si estás en clima más caluroso, cualquier lugar de la casa será adecuado.
Luego de 12 horas, sacá la manta y llevá la olla, siempre tapada, 2 horas a la heladera (así se inactivan los lactobacilos).



Pasadas esas 2 horas como mínimo, disponé sobre un bol el colador con el lienzo, verté el preparado y volvé a llevar a la heladera tapado.


 Dejá reposar, para que vaya liberando el líquido o suero, y elegí con que consistenia consumirlo: cuanto más tiempo lo dejás escurrir, más cremoso queda.
  


 Más info:
  • Podés agregarle un poco de sal o incluso saborizarlo con hierbas si lo preparás para una picada saludable
  • Podés darle el uso del queso blanco tradicional para tortas, tartas frutales, o para acompañar frutas frescas, si lo mezclás con un poco de edulcorante y esencia de vainilla.
  • Tené en cuenta que los quesos blancos no dan un gran aporte de calcio. Dentro de alternativas similares, la ricota entera o magra, aporta un poco más
  • Si luego de hervir la leche le agregas esencia de vainilla y 4 cucharadas ligeramente colmadas de azúcar, al cabo de las 12 horas a temperatura ambiente obtendrás yogur listo para enfriar y consumir. Con la infinidad de variantes que podés agregar: frutas frescas, cocidas, deshidratadas, frutas secas, miel o edulcorante en reemplazo de azúcar. 


2 comentarios:

  1. Colegas las felicito por este hermoso, práctico y profesional espacio de difusión de la Nutrición
    Un fuerte abrazo

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