martes, 2 de junio de 2015

Los lípidos en la alimentación de un deportista


Primero, aclararemos algunos conceptos. Al referirnos a “grasas de la alimentación”, en realidad estamos haciendo mención a un conjunto de sustancias clasificadas como lípidos que éstos son sustancias orgánicas insolubles en agua y solubles en solventes orgánicos. Los principales lípidos son: triglicéridos, colesterol y fosfolípidos
Los triglicéridos son la forma principal en que consumimos grasas con los alimentos y están formados por glicerol y ácidos grasos. Se almacenan en el tejido adiposo y contienen energía de reserva para hacernos sobrevivir por muchos días. Otro depósito de triglicéridos está localizado a nivel intramuscular o circulan en el plasma junto con albúmina.
Las funciones más importantes de los lípidos son:
-     Reserva energética
-     Protección
-     Aislante térmico
-     Vehículo de vitaminas liposolubles

Reserva  energética
Los lípidos tienen una gran densidad energética ya que cada gramo aporta 9 kcal versus 4 kcal que aportan los carbohidratos. La mayor parte de la energía que pueden aportar está en el tejido adiposo; en un individuo bien nutrido de 80 kg de peso corporal total, el aporte energético contenido en las grasas puede ser de aproximadamente 110000 kcal.
El aporte de los lípidos al sistema de la energía durante el ejercicio dependerá del nivel de entrenamiento, duración, intensidad, tipo de ejercicio y también de la alimentación antes y durante el ejercicio.
Está comprobado que solo aporta energía durante entrenamientos aeróbicos.
El entrenamiento aeróbico produce adaptaciones fisiológicas tendientes a facilitar la utilización de grasas; como por ejemplo el aumento de capilares que rodean las fibras musculares, incremento de número y tamaño de mitocondrias, mayor actividad enzimática, entre otras. De esta manera, los músculos de una persona entrenada pueden movilizar y oxidar grasas en mayor proporción.
Luego de 30 minutos de entrenamiento aeróbico a intensidades bajas las grasas comienzan a contribuir como energía, la capacidad del organismo de oxidar las grasas depende en gran parte de la actividad de una enzima denominada lipasa hormona sensible que tiene un pico máximo de actividad  a los 60 minutos de ejercicio y luego decae. La actividad de esta enzima es estimulada por algunas hormonas que se incrementan durante el ejercicio como la adrenalina, glucagón y cortisol.
La ingesta de carbohidratos altera rápidamente este metabolismo ya que el aumento de la insulina disminuye la utilización de grasas como fuente de energía.
Se han utilizado diferentes métodos para acelerar la oxidación de ácidos grasos y así ahorrar el glucógeno muscular con el fin de mejorar el rendimiento deportivo, pero se concluye que el proceso metabólico de los lípidos es muy lento para brindar energía de forma rápida durante el ejercicio. Además, cae drásticamente al aumentar la intensidad del mismo, lo que expone a los carbohidratos como el combustible de preferencia durante la actividad física.

Protección
El tejido adiposo rodea y recubre órganos como el corazón, hígado, riñones, bazo, cerebro, médula espinal y fibras nerviosas ofreciendo una protección vital al organismo.

Aislante térmico
La grasa subcutánea, que varía su grosor a lo largo de todo el cuerpo, actúa como aislante térmico y favorece la tolerancia de ambientes fríos, con especial importancia en la natación de aguas abiertas, en lugares a temperatura bajo cero o inmersiones de buceo profundas. Por otro lado, personas con exceso de tejido adiposo que realicen ejercicio en ambientes calurosos y húmedos tiene un mayor riesgo de estrés térmico por lo cual deberán prestar especial atención a los lineamientos de hidratación deportiva.

Vehículo de vitaminas liposolubles
Al ingerir lípidos, estamos aportando al organismo vitaminas liposolubles (A, D, E y  K). Éstas se transportan como parte de las lipoproteínas en sangre hasta alcanzar el hígado que almacena las vitaminas A y D, la E está en todo el tejido adiposo, y la K solo se acumula en pequeñas cantidades.
Si realizamos un plan alimentario hipograso severo por largo tiempo, corremos el riesgo de ocasionar un déficit nutricional de dichas vitaminas.

Sugerencias
Se aconseja que los deportistas en general tengan una alimentación baja en grasas, aproximadamente éstas deben cubrir un 20-30% del valor calórico total, dependiendo de características individuales del deportista (composición corporal, estadio del año, tipo de deporte, volumen, intensidad del ejercicio, frecuencia de estímulos, etc.), este aporte debe estar destinado en cubrir el requerimiento de  ácidos grasos esenciales.
El mayor aporte debe de provenir de aceites crudos, semillas y frutas secas, proponiendo que alimentos como manteca, mayonesa, fritos, fiambres, golosinas, etc. sean solo de consumo ocasional.

Debido a que la digestión de las grasas es lenta y compleja, no se recomienda incorporarlas previo a un entrenamiento o competencia, dando lugar al consumo de alimentos ricos en carbohidratos que es el combustible preferido del músculo; siendode fácil y rápida digestión y absorción. 

Bibliografía
  • Peniche Zeevaert C, Boullosa B.. Nutrición Aplicada al Deporte. Lípidos: características y metabolismo en el ejercicio.
  • Burke L. Nutrición en el deporte. Un enfoque práctico. Nutrición para el entrenamiento y la competición.
  • Onzari M. Almientación y Deporte. Grasas en el plan de alimentación del deportista.
  • Bulacio P. (2004). Efectos del Ejercicio sobre el Metabolismo de Lípidos. PubliCE Standard.

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