martes, 5 de septiembre de 2017

Incorporar aceite de coco es bueno para la salud?


En esta sección compartimos inquietudes que nos plantean nuestros lectores y deportistas.
Cuando un tema de alimentación se pone de moda, todos quieren saber si ese mensaje tan atractivo es verdad, o al menos, no es mentira.

Todos los que estudiamos Nutrición a nivel universitario, sabemos que el coco es una gran semilla fuente de grasa saturada. Un 35% de la pulpa del coco son lípidos ó grasas y, de ellas, un 85 - 90% es grasa saturada. Casi todo.
Las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente, por lo cual al hacer la extracción del contenido lipídico del coco, resulta una especie de manteca. De ahí es posible deducir uno de los motivos por el cual el “aceite” de coco, se pone de moda primero en el ambiente vegano. Una manteca vegetal. Y natural, no industrializada (como las margarinas, por ejemplo), ya que puede lograrse su extracción directa del coco, por prensado en frío.

Ahora bien, se están difundiendo supuestos atributos beneficiosos del “aceite” de coco, como  que disminuye el riesgo cardiovascular porque mejora el perfil lipídico de la sangre, que tiene efecto adelgazante, y que se digiere fácilmente por contener ácidos grasos de cadena media.
El problema es que esta información proviene en su mayoría de “aficionados”, personas interesadas en la alimentación pero sin formación idónea, que reproducen contenidos recortados, sacados de contexto, y generan información pseudo-científica.
Por otro lado las propiedades culinarias como el sabor, y su doble presentación sólida o líquida a temperatura de cocción, que permite saltear o freír, se dice también que es muy estable a altas temperaturas, que no se degrada. Pero aun fundido, sigue siendo grasa saturada.

No hay al momento cantidad significativa de estudios respecto del aceite de coco y la salud, pero las revisiones han demostrado que podría ser menos nocivo que la manteca, pero menos beneficioso que los aceites vegetales insaturados, como el de oliva. Y no alentamos a nadie en el alto consumo de manteca, ni de grasas saturadas en general, sino que educamos en un consumo discreto de grasas totales, orientado hacia los aceites insaturados, consideramos un  error alentar el uso indiscriminado de aceite de coco para cocinar y agregar en numerosas preparaciones y hasta bebidas.

Las grasas son hipercalóricas, las grasas saturadas aumentan el colesterol total y no puede indicarse su uso “terapéutico” en personas con dislipemias, ya que no está descartado el aumento de colesterol malo, peor perfil lipídico y el potencial daño para la salud cardiovascular.
Sigue siendo consenso la recomendación de las grasas monoinsaturadas (oliva, palta, frutos secos) y poliinsaturadas como las omega 3 (semillas y pescados), en el contexto de la dietoterapia que valore la situación individual de cada persona asesorada.

Para terminar con un consejo positivo, podés usar la pulpa de coco fresca o escurrida, que contiene casi 50% de agua, fibras, solo 35% de grasas, 3.5% de proteínas, además de algunos minerales y polifenolesantioxidantes, sola o en preparaciones. Podés usar leche de coco en platos típicos, pero no consideres al aceite de coco como un super-alimento.


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